Biblioteca de plantas

Dos textos forman el sustrato de la Biblioteca de plantas:

El primero de Salvador Camacho Roldán, del siglo XIX:

Es cosa singular que el único colegio de agricultura, establecido con grandes dificultades en Bogotá, fue convertido por el señor Núñez en cuartel… (De la papa) había variedades superiores como la llamada Caicedo, distinguida por su sabor exquisito, que hoy ha desaparecido por entero. Recuerdo que en 1868 y 1869, en las sesiones de la Sociedad Agrícola Cundinamarquesa, de la que fui uno de los fundadores, oí hablar de las siguientes variedades: Caiceda, Ojona, Arrayana, Tuquerreña, Pastusa, Huamatanga, Rodilla de indio, Quiteña, Hueva, Pepina y quizá de otras más, de las que apenas se mencionan hoy dos o tres.
(SCR Mis memorias (1894), tomo I, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana)

El segundo, de Ángel Mujica Sánchez, del siglo XXI:

Los científicos del mundo estamos de acuerdo en que hay que guardar esta diversidad en los bancos de germoplasma. En Fort Collins, en Colorado, Estados Unidos, está guardada toda la diversidad vegetal del planeta. Pero se han descubierto, en semillas guardadas hace 50 años, cambios genéticos. Y el mundo se ha asustado. ¿Qué hacemos ahora? Han decidido guardar como lo hacían los aimaras y los quechuas, que conservaron las variedades miles de años. Mediante lo que nosotros llamamos conservación in situ.