miedo al autocuidado

Primero lo primero: respeto y duelo por todas las personas que han muerto. Por el coronavirus y por la guerra contra el planeta y sus cuidadores, que nos desangra. Agradecimiento por todos los que han cuidado de las personas desde su saber y convicciones, salvando a la gente, y salvando vidas no humanas también.

Y bueno, ahora sobre el temor al autocuidado.

Le temo al discurso del autocuidado tanto como a la peste. Y no digo que no sea cierto o necesario, yo, como todos, intento seguir instrucciones en este momento. Solo digo que le temo.  

Siempre me he relacionado con agrónomos alternativos, que no echan ningún veneno a las plantas. No son religiosos, son científicos que tienen una mirada diferente a la de la industria alimenticia. Que saben que el suelo está vivo y que las plantas sanas se cuidan solas. Y que revueltas, como en el bosque, distraen a sus comensales. Y que en monocultivo son débiles y perecen sin los venenos que matan a sus “enemigos”.

Siempre he ido al médico homeópata, bioenergético, acupunturista. No son religiosos. Son médicos cirujanos que investigan procesos curativos de culturas milenarias, predican lo básico: un cuerpo bien alimentado, en intercambio con un ambiente sano y sobre todo con un espíritu (emocionalidad o mente) en paz, encuentra el camino de la salud. Con ellos he podido superar una amigdalitis crónica, un ataque a los riñones por el exceso de antibióticos, un supuesto colon irritable que en realidad era un desequilibrio en el hígado. Me pueden decir que es solo fe, pero es difícil que así sea. También en un problema emocional que tuve los psiquiatras hicieron poco con su fluexitina y otros fármacos. Me curaron sicólogos seguidores de varias religiones y gente común, a punta de abrazos.

Hoy casi no encuentro visiones alternativas a la mirada “en pie de guerra” de la medicina oficial occidental: estamos en guerra con un virus, hay que distanciarse de todos, autocuidarse, ponerse mascarilla y gel antibacterial para no infectar a otros ni dejarse infectar. Para que la propagación sea lenta. Y, está bien, yo creo, o más bien, en estos aprietos intento seguir instrucciones. Pero temo que vuela en el ambiente el triunfo moralista del que más se guarda y más se cuida. Y ese triunfo moralista no es científico. Las noticias de pandemia han pasado a contarse en términos morales: que los italianos se enfermaron y están muriendo por pasarla bueno, cuando tenían que ser serios. Que las personas que han regado el coronavirus lo hicieron por perversos y egoístas.

Las soluciones de la medicina occidental, le escuché alguna vez a un médico alternativo, son muy buenas para crisis y emergencias, pero no son convenientes a largo plazo, porque minan la capacidad de respuesta propia del organismo, su equilibrio.

Si admitimos que en este momento de crisis vamos a obedecer a la medicina occidental con todo su saber guerrero, no lo hagamos desde el moralismo, creyéndonos buenos y sabios por hacerlo. Es una catástrofe haber llegado a este punto. Es una catástrofe tener que protegernos de los otros. Y es una catástrofe que muchos no van a poder hacerlo, están en la calle o aún más hacinados que el resto. Y si aceptamos su efectividad en urgencias, no olvidemos que de ningún modo puede ser a largo plazo, nos destruiría en nuestras bases sociales y de cariño a los otros, en nuestra rebeldía y poder.

En estos días de tanta información, he leído artículos sobre biólogos que han podido establecer relaciones entre el arrasamiento de La Tierra, especialmente la tala de bosques, la industria de la carne y el tráfico de gente y animales, con estas pandemias que están surgiendo desde que comenzó el siglo XXI. Der hecho, estoy leyendo otro que las asocia con las del siglo XIX. Entonces, en vez de sólo repetir que mascarilla y gel antibacterial, es necesario recordar, una y otra vez, que si seguimos acaparando y defendiéndonos del mundo, nos vamos a autodestruir.. La solución a largo plazo debe comenzar desde ahora, en este momento de crisis: sería bello que en los noticieros a la par de promover el aislamiento, repitieran que es momentáneo y contaran el trasfondo, le dijeran a la gente que la economía de extracción trae pandemias. Que el gel antibacterial debe ser pronto reemplazado con abrazos y sentido de vida, pues a la larga el gel destruye la defensa de la piel. Que esto no debe durar mucho porque es peligroso para nuestra salud.

Pero difícilmente será así: el autocuidado es el discurso perfecto de la sociedad del control y del silencio. El autocuidado: Estandarte de la moral pública, del que es verdaderamente bueno y consciente. Es el discurso perfecto para la continuación de la guerra contra el planeta: un planeta hostil lleno de virus y bacterias y, lo peor, en el que andamos a ciegas: es imposible saber quién nos enferma, donde saltará el enemigo, sólo el gobierno protector y sus científicos lo saben. Nosotros perdimos todo control y no podemos reconocer lo bueno y lo malo. Perderemos empleos a porrillos, y dependemos aún más de lo que nos suelten.

Leo que en este momento el gobierno chino, para prevenir el coronavirus, obliga a los ciudadanos a reportar su temperatura, que ya no pueden decir no, evadir, que cuando identifican a la persona como portadora del coronavirus envían alerta a los celulares de quienes están próximos. Leo la estrategia rusa. Esto es el horror, esto no lo podemos aceptar, pues no importa la muerte cuando la vida pierde sentido.

Pregonar la obligación y la moralidad del autocuidado, puede tener un precio muy alto en libertad personal y en compasión. En libertad: ya no eres dueño de tu destino, de tu salud, de tu cuerpo, estás obligado a cuidarte o eres un asesino en serie… En compasión: si se instala la costumbre de temer el contacto, el otro pronto dará asco. Los abrazos no son algo menor, y no pueden ser reemplazados con nada.

Esto debe ser por poco tiempo, debemos cuidarnos mucho de que llegue a normalizarse. Y proponemos más bien parar así, como ahora, cada año, cada mes, para que la tierra descanse y tenga su tiempo, los bosques se regeneren y las pandemias sean historias absurdas del pasado extractivista y cruel, del pasado del pensamiento de guerra.

Las pestes son reflejo de mundos devastados y vidas de hacinamiento. De aguas contaminadas y animales y hombres amontonados sin compasión. Solo en los monocultivos prosperan las plagas.

María Buenaventura

Referencias:

Agamben: Contagio y aclaraciones a Contagio

Contagio social: guerra de clases microbiológica en China (Chuang)

coronavirus: Las nuevas pnademias del planeta devastado.

David Quammen: las causas ambientales de la pandemia y los efectos sociales del distanciamiento. https://www.lavaca.org/notas/las-causas-ambientales-de-la-pandemia-y-los-efectos-sociales-del-distanciamiento/?fbclid=IwAR2lGUytxkYD2VMVOuxeqtaIkYx_OQYCP3-1888IGlhiU-w1LxqudKKOHmU

El sueño de la razón: Los hacendados de la pandemia: http://www.biodiversidadla.org/Recomendamos/El-sueno-de-la-razon-Los-hacendados-de-la-pandemia?fbclid=IwAR2As4tkZ1NfWx_1xURwqFQ74mkdMoUXRKmq0ChImQpvnl10BXdr6xKxWAw

Published by maria buenaventura

artista plástica, filósofa de la Sabana de Bogotá

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